jueves, mayo 30, 2013

Crónica de un Medio Maratón

Son las cuatro con cuarenta de la mañana. Suena el despertador. ¿Otros cinco minutos? No. No hoy. No hay plazo que no se cumpla y el día para correr mi primer medio maratón ha llegado. No hay más. Me pongo de pie de un salto. Me pongo muy derechita, respiro profundamente… “calma… respira”… me persigno y le pido a Dios terminar bien mi carrera. Que me deje cumplir mi reto. Tomo un vaso completo de agua. Me baño con agua más fría de lo normal. Como para despertarme. Como para alejar a la vocecita que me dice que mi cama está más cómoda. Que estoy loca. Salgo y me visto casi como para un ritual. Me lleno de vaselina porque hoy voy a correr la distancia que nunca he corrido. Porque la competencia siempre es más dura que el entrenamiento. No sé cómo peinarme. La corredora discute con la coqueta en mí y entonces me decido por una trenza coqueta al frente que usualmente termina de lado, pero que negociamos para que fuera atrás y alta y no nos estorbara en ningún momento. Ciertamente mientras corro lo último en lo que quiero pensar es en mi cabello.

El clima es perfecto. Hacen trece grados centígrados y decido no llevar nada para abrigarme. Sólo mi tank top amarillo (amarillo porque creo que es de buena suerte) y el calor corporal de mis ganas de realizar esto. Manejo por las vacías calles del Distrito Federal. Realmente vacías. Hago menos de veinte minutos a Polanco desde Pedregal, lo cual es una proeza. Enseguida veo el movimiento de los primeros corredores. Los más anticipados, los que nunca llegan tarde. Sube con esto mi nivel de adrenalina. Está todavía muy oscuro pero brillan por todos lados los vivos anti reflejantes de los corredores. Y la energía que se siente. ¡Es tan indescriptible! Es magia. Es energía. Es tanta buena vibra que sólo de estar ahí te carga en automático. Todos listos para cumplir con una meta más. Me como un plátano por aquello del azúcar y los calambres y comienzo a caminar hacia la zona de la carrera.
Llegando a la zona llena de vallas vuelve a subir mi ritmo cardíaco con sólo ver a más corredores, los corrales, la zona de recuperación, la zona de meta… las medallas. Busco el guardarropa para encontrar a los del equipo de Total Running, pero me topo con un amigo que ha sido una fuerte inspiración, ya que he visto su rápida evolución. También he visto su disciplina, determinación y la pasión y el amor que le entrega al deporte. Lo conocí cuando “sólo” corría. De un año hacia acá ha corrido ya dos maratones en un súper tiempo, no sé cuántos triatlones y creo que está listo para su IronMan. El mismo que un mes atrás, luego de felicitarme por mis primeras diez millas, se despide con un “nos vemos en ESPN”. Y como que medio creo que estoy ahí. Un poco irreal. Él tiene un poco de frío. Claro. Él ya ha hecho esto antes. Yo sigo tan tranquila con el clima. Comienzo a comer una barra energética. Nos entrevistan los de ESPN. Cometo un error diciendo que “es mi primer Maratón” y me río mucho después con mi amigo que dice que me editarán. Claro. No importa. Vine a correr. Nos separamos para irnos a nuestros corrales…
Termino mi barra en la línea de arranque….
Me persigno y miro al cielo…
 
No hay marcha atrás…

No hay mañana… 5…4…3…2…

Dicen que durante un Maratón recorres todas las emociones que hay en ti. Cierto es que no tengo una idea, pero durante los más de veintiún kilómetros y casi dos horas en los que los recorrí, pasaron por mi cabeza pensamientos de muy distintos tipos. Pensaba en la primera vez que salí a correr. Fue en mi bella universidad. En lo libre que me sentí y el miedo que tenía a cansarme antes de terminar la vuelta… en mi primer competencia, hace año y medio. En lo larga que me parecía y el reto que representaba terminarla.
Cuando sentía el peso de todos los kilómetros que faltaban (no importa en cuál estuviera) me decía que para esto entrenaba. Para esto sudaba. Para esto sacrifiqué noches de fiesta. Por correr vi más soles las mañanas de los domingos que lunas de los sábados. Para esto luchaba todos los días con las ganas de quedarme en mi cama “otro ratito”, contra el “hace frío”, el “está muy oscuro” y el “ayer me desvelé”. “Cambié horas de sueño por un sueño más grande”.
Pensé en todas las personas que me han inspirado. Dentro, pero también fuera de la pista. Porque cada persona tiene distintos tipos de competencias. Pensé en mi familia, en mi equipo de atletismo cuando estaba en la uni, en mis amigos, que muchas veces no entendían por qué cambiaba una noche de fiesta por la competencia del otro día. Peor aún. Por un entrenamiento. Cómo es que, en caso de que saliera la noche del sábado, el domingo estaba terminando mi entrenamiento cuando ellos todavía no despertaban. No los culpo. Los runners sabemos que estamos locos.  Pensaba en los grandes atletas, pensando en que lo que yo hacía era una ínfima parte de lo que ellos lograban, en los hijos que no he tenido (y en que ¡qué orgullo poder decirles que lo logré!), en la gente que me ha echado porras, en los que han creído en mí. Pensé en todos los que me han dado aliento… pero también llegaron a mi mente las personas que no. Recordé mientras iba como por el kilómetro diecinueve a cierta Jefe de Recursos Humanos que, después de preguntarle si existía algún apoyo para los que quisiéramos seguir preparándonos con Maestría me contestó: “No te quieras comer el mundo…”. Pues yo no conozco otra manera de hacer las cosas que con todas las ganas. Con todo el corazón. Sonreí. Y seguí corriendo. Y llegué a la meta. 13.1 millas. Reto completado.
Me resulta prácticamente imposible explicar la emoción que me dio el culminar. Es una emoción demasiado fuerte para contenerla. Es algo que no se puede describir. Y estoy segura que cada persona tendrá su propia versión. Yo por ejemplo, les puedo asegurar que mientras describía esto me llegaron las lágrimas a los ojos… y que lo comparto por esa sencilla razón: Porque me gustaría que sintieran tantito de esa emoción tan pura, tan fuerte, tan intensa, tan mágica. Si les hice sentir así, en cualquier nivel, habré cumplido mi objetivo. Si puedo inspirar a una persona más, habré cumplido. No tiene que ser correr, o deportivamente, ya que, como dije antes, cada quién tiene sus propias competencias y sus propias metas.
No lo tenía pensado así. Todo sucedió muy rápido. Una amiga muy querida me envió un mensajito cuando terminó el pasado Maratón de la Ciudad de México, diciéndome que no me vio pasar, que salió a su ventana para echarme porras cuando pasara… no me vio porque por supuesto que yo estaba en mi casa, descansando. Y me pregunté: “¿Cómo es que haya personas que crean más en mí que yo misma? Eso me motivó. Si ella cree que yo puedo, puedo. Y más importante aún: si yo creo que puedo, lo consideraré hecho. En ese momento decidí cambiar los pretextos y las excusas por las ganas.
Agradezco a Dios por haberme permitido cumplir esta meta y por darme unos padres que me han dado una seguridad desproporcionada a mis capacidades; y una familia y amigos que siempre han creído que soy más grandiosa y exitosa de lo que soy, porque eso me obliga a hacer lo que nunca hubiera pensado y a conquistar cosas que nunca creí lograr.
El sentimiento de cumplir una meta propuesta, lograr algo que no se puede comprar, algo que no puede regalar nadie, que cuesta cada metro que avanzas. Cada paso que das. De demostrarte a ti mismo de lo que eres capaz. De conocer tus límites y saber que son sólo sugerencias. Que los límites son los que tu mente y corazón quieran ponerte. “Si no te esfuerzas hasta el máximo… ¿cómo sabrás hasta dónde puedes llegar?”
Ya no me lo cuentan.

8 comentarios:

  1. Autentica y emotiva, muchas felicidades, no solo por tu participación, también por la manera tan elocuente de compartirnos tu experiencia. Muchas felicidades y que los éxitos sigan llegando porque son parte de tu trabajo y esfuerzo.

    ResponderEliminar
  2. Muy bien Lore... felicidades por tus logros deportivos y también por compartir los detalles con tan vívida redacción.
    Lo único que no entendí fue lo de la vaselina jaja

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. jaja
      Gracias por sus comentarios. Me emocionan mucho.
      Lo de la VASELINA... es porque cuando se corren largas distancias, el movimiento repetitivo puede causar llagas o ampollas. De hecho terminé con una súper fea en el antebrazo, pero la decidí llamar: "herida de guerra", así, con amor jeje
      Gracias!!

      Eliminar
  3. Felicidades por tu carrera y por tu emotiva narración , ahora a buscar mas retos .

    ResponderEliminar
  4. lore de verdad... me hiciste sacar lagrimas... primero felicitarte segundo tú eres fuente de inspiración y te doy gracias por compartir algo tan llenador, llegador inspirador. y cuanta razón tienes, no dejes d. escribir y seguir inspirando. love u atte. Manchis

    ResponderEliminar
  5. De alguna manera podía ver en tu rostro la emoción cuando hablas de esta parte de tu vida, pero con esto confirmas la pasión, constancia y satisfacción k existe cuando haces lo que te gusta, felicidades por el compromiso contigo misma, por cumplir cada una de las metas k te fijas! Por ser ejemplo de k los sueños se logran cuando hay voluntad y decisión, que vale la pena dar ese paso para hacer que pase lo extraordinario y no quedarnos en lo ordinario, te mando un abrazote, y te quiero mucho!!! Liz

    ResponderEliminar
  6. Excelente Crónica Lore, no cabe duda que si bien cada carrera es diferente para cada uno de nosotros, la emoción y la adrenalina son algo incomparable a ninguna otra cosa y al mismo tiempo es algo que se quiere compartir de muchas formas, como bien lo dices y se ha dicho muchas veces, no sabemos lo que somos capaces hasta que lo hacemos, felicidades!!!!

    ResponderEliminar