lunes, diciembre 02, 2013

Glow... Today!


Hoy que salí de la ducha tuve un bello encuentro con alguien que conozco bien, pero hace mucho tiempo que no veía. Una mujer con una mirada cálida, que genera confianza y hasta diría que tan penetrante que la hace ser inmensamente persuasiva.
Esa mirada que siempre ha conseguido lo que quiere, iba acompañada, hoy, de un rostro también lindo, pero, ¡esperen! No estoy diciendo que sea bonita… ni hoy, ni ayer más o menos… simplemente es otra cosa. Algo que sabemos todos perfectamente qué es, pero no podemos exactamente describirlo.
El poder dentro de ti
Ese día que no te hiciste nada extraordinario en tu arreglo personal, el día que no traes tu mejor ropa o la más favorecedora, que apenas y pudiste peinarte… pero aun así todos te dicen lo bien que te ves. ¿Qué es ese “je ne sais quoi”?
Todos lo tenemos. Es una seguridad en nosotros mismos. Mírate en este momento en el espejo. ¿Cómo te ves? ¿Te gusta lo que ves? ¿Te sientes atractivo(a)? La respuesta no tendrá ABSOLUTAMENTE nada que ver con tu físico. No importa si tienes una verruga en media nariz. Si te sientes bien, te verás bien. Si tienes confianza en ti, serás una persona poderosa.
¿De qué nos sirve esto?
Al decir que somos poderosos me refiero a dos cosas: al poder que ejercemos en nosotros mismos y al que ejercemos en los demás. Ambos son importantes para el logro de tus metas y los dos están íntimamente relacionados.
El poder que ejercemos en nosotros es el motor más poderoso que existe. Habla de la voluntad, de las ganas de hacer las cosas, de la sonrisa que traes, de tu forma de ver la vida. Es la fuerza que nos permite hacer. La que cumple metas y objetivos. A su vez, la que genera imponernos esos sueños. Cuando estamos bien con nosotros mismos todo nos es posible, nada exterior nos afecta y por contrario, contagiaremos al mundo con nuestra buena vibra.
Cuando hablo del poder que ejercemos sobre la gente me refiero a esto último. Nuestra vibra hará que estemos en diferente frecuencia. En ésa en la que el mundo te responde casi con lo que quieres escuchar y donde las probabilidades de que la gente te ayude, te promuevan, encuentres algo que traías perdido, o a una persona valiosa por pura serendipia, son altísimas y muy reales.
¿Cómo se genera?
Por cualquier cosa. O por ninguna. Cada quién al paso del tiempo va conociendo su “yo interior” y sabiendo qué es lo que te mueve y te hace poderoso. Puede ser: (como en la secundaria) que te salude el o la que juras el amor de tu vida, que tengas una promoción laboral, que te reconcilies con alguien, o cosas tan simples como tener un gran entrenamiento, entrar en ese pantalón que hacía meses ya no te cerraba, ver a un amigo que hace años no veías… en fin. Millones de cosas, y puede, a la vez, ser también el conjunto o la acumulación de esos factores. El brillo más poderoso es encontrar equilibrio y felicidad en tu vida independientemente de cualquier factor externo. Lo importante es que ese detonador sea capaz de mover internamente tu capacidad de ver el mundo con distintos ojos. Positivo para atraer cosas positivas. Así que no esperes más. Brilla. Ya.

jueves, mayo 30, 2013

Crónica de un Medio Maratón

Son las cuatro con cuarenta de la mañana. Suena el despertador. ¿Otros cinco minutos? No. No hoy. No hay plazo que no se cumpla y el día para correr mi primer medio maratón ha llegado. No hay más. Me pongo de pie de un salto. Me pongo muy derechita, respiro profundamente… “calma… respira”… me persigno y le pido a Dios terminar bien mi carrera. Que me deje cumplir mi reto. Tomo un vaso completo de agua. Me baño con agua más fría de lo normal. Como para despertarme. Como para alejar a la vocecita que me dice que mi cama está más cómoda. Que estoy loca. Salgo y me visto casi como para un ritual. Me lleno de vaselina porque hoy voy a correr la distancia que nunca he corrido. Porque la competencia siempre es más dura que el entrenamiento. No sé cómo peinarme. La corredora discute con la coqueta en mí y entonces me decido por una trenza coqueta al frente que usualmente termina de lado, pero que negociamos para que fuera atrás y alta y no nos estorbara en ningún momento. Ciertamente mientras corro lo último en lo que quiero pensar es en mi cabello.

El clima es perfecto. Hacen trece grados centígrados y decido no llevar nada para abrigarme. Sólo mi tank top amarillo (amarillo porque creo que es de buena suerte) y el calor corporal de mis ganas de realizar esto. Manejo por las vacías calles del Distrito Federal. Realmente vacías. Hago menos de veinte minutos a Polanco desde Pedregal, lo cual es una proeza. Enseguida veo el movimiento de los primeros corredores. Los más anticipados, los que nunca llegan tarde. Sube con esto mi nivel de adrenalina. Está todavía muy oscuro pero brillan por todos lados los vivos anti reflejantes de los corredores. Y la energía que se siente. ¡Es tan indescriptible! Es magia. Es energía. Es tanta buena vibra que sólo de estar ahí te carga en automático. Todos listos para cumplir con una meta más. Me como un plátano por aquello del azúcar y los calambres y comienzo a caminar hacia la zona de la carrera.
Llegando a la zona llena de vallas vuelve a subir mi ritmo cardíaco con sólo ver a más corredores, los corrales, la zona de recuperación, la zona de meta… las medallas. Busco el guardarropa para encontrar a los del equipo de Total Running, pero me topo con un amigo que ha sido una fuerte inspiración, ya que he visto su rápida evolución. También he visto su disciplina, determinación y la pasión y el amor que le entrega al deporte. Lo conocí cuando “sólo” corría. De un año hacia acá ha corrido ya dos maratones en un súper tiempo, no sé cuántos triatlones y creo que está listo para su IronMan. El mismo que un mes atrás, luego de felicitarme por mis primeras diez millas, se despide con un “nos vemos en ESPN”. Y como que medio creo que estoy ahí. Un poco irreal. Él tiene un poco de frío. Claro. Él ya ha hecho esto antes. Yo sigo tan tranquila con el clima. Comienzo a comer una barra energética. Nos entrevistan los de ESPN. Cometo un error diciendo que “es mi primer Maratón” y me río mucho después con mi amigo que dice que me editarán. Claro. No importa. Vine a correr. Nos separamos para irnos a nuestros corrales…
Termino mi barra en la línea de arranque….
Me persigno y miro al cielo…
 
No hay marcha atrás…

No hay mañana… 5…4…3…2…

Dicen que durante un Maratón recorres todas las emociones que hay en ti. Cierto es que no tengo una idea, pero durante los más de veintiún kilómetros y casi dos horas en los que los recorrí, pasaron por mi cabeza pensamientos de muy distintos tipos. Pensaba en la primera vez que salí a correr. Fue en mi bella universidad. En lo libre que me sentí y el miedo que tenía a cansarme antes de terminar la vuelta… en mi primer competencia, hace año y medio. En lo larga que me parecía y el reto que representaba terminarla.
Cuando sentía el peso de todos los kilómetros que faltaban (no importa en cuál estuviera) me decía que para esto entrenaba. Para esto sudaba. Para esto sacrifiqué noches de fiesta. Por correr vi más soles las mañanas de los domingos que lunas de los sábados. Para esto luchaba todos los días con las ganas de quedarme en mi cama “otro ratito”, contra el “hace frío”, el “está muy oscuro” y el “ayer me desvelé”. “Cambié horas de sueño por un sueño más grande”.
Pensé en todas las personas que me han inspirado. Dentro, pero también fuera de la pista. Porque cada persona tiene distintos tipos de competencias. Pensé en mi familia, en mi equipo de atletismo cuando estaba en la uni, en mis amigos, que muchas veces no entendían por qué cambiaba una noche de fiesta por la competencia del otro día. Peor aún. Por un entrenamiento. Cómo es que, en caso de que saliera la noche del sábado, el domingo estaba terminando mi entrenamiento cuando ellos todavía no despertaban. No los culpo. Los runners sabemos que estamos locos.  Pensaba en los grandes atletas, pensando en que lo que yo hacía era una ínfima parte de lo que ellos lograban, en los hijos que no he tenido (y en que ¡qué orgullo poder decirles que lo logré!), en la gente que me ha echado porras, en los que han creído en mí. Pensé en todos los que me han dado aliento… pero también llegaron a mi mente las personas que no. Recordé mientras iba como por el kilómetro diecinueve a cierta Jefe de Recursos Humanos que, después de preguntarle si existía algún apoyo para los que quisiéramos seguir preparándonos con Maestría me contestó: “No te quieras comer el mundo…”. Pues yo no conozco otra manera de hacer las cosas que con todas las ganas. Con todo el corazón. Sonreí. Y seguí corriendo. Y llegué a la meta. 13.1 millas. Reto completado.
Me resulta prácticamente imposible explicar la emoción que me dio el culminar. Es una emoción demasiado fuerte para contenerla. Es algo que no se puede describir. Y estoy segura que cada persona tendrá su propia versión. Yo por ejemplo, les puedo asegurar que mientras describía esto me llegaron las lágrimas a los ojos… y que lo comparto por esa sencilla razón: Porque me gustaría que sintieran tantito de esa emoción tan pura, tan fuerte, tan intensa, tan mágica. Si les hice sentir así, en cualquier nivel, habré cumplido mi objetivo. Si puedo inspirar a una persona más, habré cumplido. No tiene que ser correr, o deportivamente, ya que, como dije antes, cada quién tiene sus propias competencias y sus propias metas.
No lo tenía pensado así. Todo sucedió muy rápido. Una amiga muy querida me envió un mensajito cuando terminó el pasado Maratón de la Ciudad de México, diciéndome que no me vio pasar, que salió a su ventana para echarme porras cuando pasara… no me vio porque por supuesto que yo estaba en mi casa, descansando. Y me pregunté: “¿Cómo es que haya personas que crean más en mí que yo misma? Eso me motivó. Si ella cree que yo puedo, puedo. Y más importante aún: si yo creo que puedo, lo consideraré hecho. En ese momento decidí cambiar los pretextos y las excusas por las ganas.
Agradezco a Dios por haberme permitido cumplir esta meta y por darme unos padres que me han dado una seguridad desproporcionada a mis capacidades; y una familia y amigos que siempre han creído que soy más grandiosa y exitosa de lo que soy, porque eso me obliga a hacer lo que nunca hubiera pensado y a conquistar cosas que nunca creí lograr.
El sentimiento de cumplir una meta propuesta, lograr algo que no se puede comprar, algo que no puede regalar nadie, que cuesta cada metro que avanzas. Cada paso que das. De demostrarte a ti mismo de lo que eres capaz. De conocer tus límites y saber que son sólo sugerencias. Que los límites son los que tu mente y corazón quieran ponerte. “Si no te esfuerzas hasta el máximo… ¿cómo sabrás hasta dónde puedes llegar?”
Ya no me lo cuentan.