Levante la mano quién no es adicto al Blackberry (o al iPhone, Android, handheld, smartphone…). ¿Usted no? ¡Felicidades! Es usted uno de los afortunados que no necesita vivir pegado a un dispositivo. Antes, quisiera aclarar que no es un ataque a los que sí lo son; escribe una adicta irreverente e irreformable al iPhone.
Hace un tiempo una amiga me contaba que había escuchado que Blackberry era el nombre con el que se les llamaba a las bolas de plomo o acero que se unían a las cadenas de los grilletes para que los prisioneros no se escaparan (que por irregulares y cacarizas asemejaban a ese fruto), y que por eso era el nombre perfecto para un aparato que te esclaviza… ¡¿QUÉEEEE?!
Por supuesto que lo primero que quise hacer fue corroborar esa información en la internet en mi iPhone pero… la plática había comenzado precisamente porque mi equipo llevaba muerto toda la noche anterior y las horas que llevábamos del día.
…Y con él, mi vida paralizada. La noche anterior no supe qué me había contestado el galán; no dormí pensando en cómo me iba a despertar sin despertador (para lo que también lo uso); a las 7am tuve que mandar mails a las personas que sabía me podían llamar diciéndoles que no tenía celular y que no sabía cuánto tiempo iba a estar sin él; no sabía en qué piso era la reunión a la que iba esa mañana… y en fin, para eso de las 12 del día me preguntaba cómo lograr hacer mi vida sin mi grillete moderno.
Y luego de muchos días, reanudé mi tarea de búsqueda. No encontré una fuente ni medianamente confiable para lo que me dicen de la Blackberry, pero para mí hace sentido.
La mayoría de los empleados que reciben este tipo de dispositivos en sus empresas se sienten muy felices por ser los ‘privilegiados’ en poseer un equipo de tecnología de primera. Pero… ¿de qué se alegran? Con un equipo así, y más si es provisto por la oficina, no existe ni un pretexto para escapar. Se está localizable a toda hora y en todos lados. No se puede decir que “no llegó el mensaje” porque hasta eso avisa el celular: si lo entregó y si lo leíste. Atados al trabajo. Es el símbolo moderno de la esclavitud.
Esta esclavitud es, sin duda en muchos casos voluntaria. Quizá en la mayoría de los casos. ¿Cuántos no están pendientes del correo? ¿Del chat? ¿De las actualizaciones del Twitter y del Facebook? ¿De actualizar el Foursquare o subir las fotos del lugar en el que se está? De los juegos. En el baño, en el semáforo, en la oficina, en la junta de trabajo, en las salas de espera, en el cine, en el gym, al dormirse, al despertarse…
¿Estás aquí o estás allá?
Al día de hoy, el Blackberry está siendo desbancado por el iPhone y los teléfonos con plataforma Android, pero sea cual sea, entre mis amigos, gente del trabajo y familiares, quizá el 70% posea un teléfono de cualquiera de los mencionados.
Entre mis amigos tenemos una frase: “¿Estás aquí o estás allá?”, haciendo alusión a que el amigo atiende su teléfono o a nosotros. Esto en mi opinión, es incómodo si estás en una cita (con familiares, amigos o pareja) y atiendes más a tu teléfono que a las personas. En ese caso, ¡quédate en tu casa!
Yo me declaro dependiente sobre todo porque soy una persona que no soporta quedarse con la duda de nada, así que utilizo el google para preguntarle cualquier cantidad de cosas (importantes o irrelevantes) que se me ocurran: Datos históricos, horarios del cine, calendario de futbol americano, canciones, videos, biografías, recetas de cocina… pero lo peor ha sido descubrir a mi papá caminando mientras mira fijamente a su iPhone; descubrió que puede tener actualizaciones e inclusive ver sus deportes favoritos en vivo.
El lado bueno
Pero también tiene su lado bueno. Podemos ahorrar tiempo haciendo búsquedas de personas, datos o lugares. Podemos hacer más eficiente la comunicación en las relaciones y en lo personal, a mí me ha salvado en numerosas ocasiones de perderme en esta gran ciudad, he sin duda ahorrado mucho tiempo y mucha gasolina encontrando a mis amigos y mis antojos en un santiamén con sólo señalarlos en un mapa o ‘preguntarle’ al GPS.
No veo nada de malo en estar comunicado y en tener en la palma de nuestra mano la más avanzada tecnología, pero en verdad creo que debemos poner más atención a disfrutar del contacto humano si tenemos el privilegio. Además de ser conscientes de usarlo sin que nos cause adicción.
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